Formación de educadores: la tecnologia al servicio del desarrollo de un perfil professional innovador y reflexivo.

Hepp K., P.; Prats, M.A.; Holgado, J. (2015). Formación de educadores: la tecnologia al servicio del desarrollo de un perfil professional innovador y reflexivo. RUSC. Universities and Knowledge Society Journal, 12(2). págs. 1-14.

Resum:

En la sociedad de principios del siglo xxi, caracterizada como la sociedad del conocimiento, la institución escolar no puede permanecer ajena a los ritmos del cambio actual, por lo que la innovación constituye una de sus principales y prioritarias tareas. Es obvio que las innovaciones y los cambios más profundos que hemos experimentado en estos últimos años han venido de la mano de las tecnologías digitales. En este sentido, el conocimiento y el dominio de las herramientas y los procesos digitales supone una garantía de equidad en el sistema educativo, así como un reto para la escuela, que debe poner al alcance de todos sus alumnos las herramientas y las aplicaciones de la tecnología digital sin renunciar a su función educativa. Asimismo, el profesorado no puede quedar al margen de unas competencias digitales que son hitos ineludibles de la educación actual y futura. El conocimiento, el dominio y la constante actualización de estos procesos y herramientas digitales ahora son parte de la profesión docente, al igual que les ha sucedido a otros muchos profesionales de otros sectores. Teniendo en cuenta los nuevos escenarios de aprendizaje, en general, desde una perspectiva transformadora y, en particular, desde la formación de los educadores en relación con la tecnología, pueden destacarse tres dimensiones.

En primer lugar, el esfuerzo de la formación del profesorado, tanto inicial como permanente, debe centrarse,
en gran parte, en el desarrollo de las competencias necesarias para la utilización docente de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). En el caso de la formación permanente, esta debe articularse en torno al aprendizaje autónomo del profesor, pero con una estrategia de formación e implementación basada en el trabajo en equipos docentes.
En segundo lugar, la indiscutible emergencia de nuevos códigos y lenguajes originados en las tecnologías
digitales implica nuevas formas de pensar y hacer, y nuevas maneras de aprender y de acceder al conocimiento. Esto le supone tal exigencia ética y deontológica al profesorado que este tiene que trabajar tanto individual como colectivamente en la conceptualización del papel educativo de las tecnologías digitales.
En tercer y último lugar, los signos de los tiempos nos exigen pensar en modelos de centros educativos que
incorporen innovaciones pedagógicas y proyectos digitales abiertos, flexibles, creativos, reales y participativos; centros en los que las tecnologías digitales puedan ser el mejor pretexto para innovar y fomentar la creatividad dentro del aula, para provocar cambios transversales y organizativos, y para abrir la escuela a la comunidad. Estos proyectos digitales deberían interpelar personalmente y fomentar el trabajo en equipo y la complicidad con el compañero; generar sinergias con otros departamentos, áreas, claustros y centros; y en el fondo, permitir hacer realidad el sueño de encontrarse en red y en la red.