Los dos grandes retos educativos tanto a nivel nacional como europeo son la excelencia y la equidad. Dos pilares claramente indispensables para poder bautizar a un sistema educativo de calidad. En este marco, emergen las redes socioeducativas o, en su conceptualización más actual, los ecosistemas socioeducativos como propuesta para asumir ambos retos.

Durante los últimos años, ha sido una idea que ha ido tomando fuerza y ​​ha sido objeto de estudio de numerosas investigaciones educativas. De hecho, la investigación sobre el impacto de la pandemia causada por la COVID-19 ha continuado dando argumentos a su favor, demostrando que las familias y las escuelas que han estado mejor conectadas entre ellas y con el entorno han . pudo sobrevivir mejor a efectos de la pandemia y del confinamiento.

En una sociedad tan plural y diversificada, la escuela no puede permanecer aislada y ajena a la transformación existente. En este sentido, debemos superar el concepto de la escuela abierta al entorno por el de la escuela integrada en el entorno. Una escuela democrática, activa, responsable, holística e inclusiva, que siguió un nodo más en el ecosistema socioeducativo del barrio, que trabaje conjunta y transversalmente con profesionales de diferentes disciplinas para formar y atender a la singularidad de cada alumno. Ahora bien, la necesidad de conexión e interrelación de la escuela con su entorno propiamente dicho va más allá de la mejora de la atención de sus alumnos. Una escuela conectada también es una escuela que optimiza sus recursos y que aprende de sus interacciones con el resto de agentes socioeducativos.

Por tanto, el concepto de ecosistema socioeducativo no hace únicamente referencia a la escuela, sino que también interpela a los demás agentes del territorio. Uno de los pilares fundamentales para el funcionamiento óptimo del ecosistema es la corresponsabilidad de todos sus miembros. Aunque la responsabilidad sea compartida, es necesario, indispensablemente, un liderazgo claro. Aquí, hablamos del liderazgo distribuido que es el que capacita a todos los miembros de la organización y los hace protagonistas de su proceso de desarrollo tanto individual como común. Para conseguir un ambiente generador de este estilo de liderazgo, se necesitan una serie de características entre las que destacan la horizontalidad y la confianza.

Así pues, convencidos de que el trabajo comunitario es la respuesta a las desigualdades del sistema, trabajamos para que la escuela forme parte importante del ecosistema educativo, al igual que fomentamos la concienciación del resto de agentes socioeducativos en la voluntad de crear tejido asociativo. Con el propósito firme de colaborar activamente a la hora de atender y dar respuesta a las necesidades de niños y jóvenes.